Sexo y Embarazo: ¿Qué pasa con el Deseo Sexual durante el Embarazo?

Maternidad

10 de Enero del 2017

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En los 9 meses que suele durar una gestación normal, el deseo de tener relaciones íntimas pasa por diferentes fases.

 

Aunque a los hombres no les afectan los factores hormonales, sí se ven condicionados por cuestiones psicológicas. Ellas, sin embargo, cambian según el trimestre.


En el primer trimestre, los cambios hormonales iniciales pueden afectar negativamente a la libido, lo que se traduce en cierta inapetencia sexual. Esta etapa de cambios conlleva ciertos síntomas que, asociados al sexo, pueden rebajar su percepción para pasar a verlo como algo poco oportuno: sentirse fatigada, tener náuseas, la necesidad de ir con frecuencia al baño o el dolor en los senos son las principales molestias. 

Un mayor apetito sexual llega durante el segundo trimestre del embarazo. La embarazada controla o sobrelleva los síntomas anteriores, que tal vez incluso han desaparecido. Los genitales femeninos se encuentran en mejores condiciones que invitan a las relaciones: se produce una mayor lubricación, están más vascularizados y hay más flujo sanguíneo en el área pélvica, lo que favorece también el alcanzar un orgasmo con más facilidad. Además, el abdomen aún no ha crecido tanto como para dificultar las relaciones.

En la recta final del embarazo, el abdomen ha alcanzado un volumen considerable. Ahora, los factores psicológicos ante la llegada del parto y el posterior cuidado del bebé es posible que jueguen en contra del deseo sexual y centren las prioridades de la pareja.

Debemos recordar que practicar sexo durante el embarazo no es peligroso para el feto excepto en situaciones poco frecuentes como las hemorragias vaginales, los dolores de parto precoces, la rotura de la bolsa amniótica o antecedentes de abortos naturales.

Si no se dan estos condicionantes, existen unas posturas para llevar a cabo las relaciones con amplias garantías para ambos progenitores y el feto. Por ejemplo, la mujer debe evitar posturas como el misionero y aquellas en las que le exijan acostarse boca arriba. En cambio, aquellas en las que ella está arriba le permiten controlar el movimiento, la velocidad y la comodidad. 

La posición de la cuchara o cualquiera que permita a la pareja estar recostada de lado liberan de presión al abdomen y el útero. Las posturas en que ella está apoyada sobre manos y rodillas también son cómodas en los primeros meses, pero no tanto cuando el abdomen es más pesado y voluminoso. 

A partir del parto, la naturaleza hará el resto y, salvo complicaciones, en cualquier momento después del primer mes y antes del año la mujer ya se sentirá cómoda para volver a disfrutar de una vida sexual plena como la anterior al embarazo.

 

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